Pipo el Sordo

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Ricardo Urquidi

Pipo El Sordo recorre la Avenida Villa Escobedo por los antiguos terrenos de la Huerta de Botello, su mente está concentrado en deleitarse con un lonche del Ruco, al pasar por la puerta de la secundaria federal, escucha mucha algarabía, su innata curiosidad lo hace meterse a la escuela, hay una ceremonia pero no son jóvenes uniformados, son ya personas que rondan por la tercera edad, todos llevan un camisa guinda, al frente de ellos está un presídium y un orador:

“Hace ya cuarenta años que salimos de nuestra querida escuela, la secundaria federal; hace 40 años llegamos aquí siendo niños y salimos siendo un mar de vocaciones, de proyectos, de anhelos, de lucha por la vida…

Y hemos vuelto a decirnos ¡Hola!, como antaño, con renovado entusiasmo, la mirada lozana…

Hoy regresamos tratando de devolverle un poco de lo inmenso que nos dio…

Gracias al esfuerzo de un grupo, que renació de los recuerdos, en estos momentos vuelan alrededor de nosotros, así lo siento… tres palabras universales: Amistad, Maestro y Agradecimiento…

La amistad es como la nostalgia: si volteas atrás ahí está, siempre…

Cada vez que la Generación 73-76 se reúne, ya sea en Chihuahua, en Juárez o en Parral, hay un elemento que supera cualquier obstáculo… ese sentimiento es la amistad sembrada en los salones que nos dieron cobijo…

Cada vez que nos reunimos, los apodos salen a flor de piel, las anécdotas llegan como un bálsamo que nos alimenta; la imagen de nuestros tutores nos ilustran sobre los caminos que hay que seguir, nos recuerda de dónde venimos y adónde vamos…

La amistad que nos une nos refresca como como agua en el desierto y nos da ánimos, para ejercitar nuestro pasado y convertirlo en nuestro presente… y al final de la fiesta, queda un poco de sed para la siguiente… para seguir dando vueltas en el carrusel de los recuerdos.

Maestro… es aquel que deja huella en tu futuro.

Las aulas, el pizarrón, los mesa bancos, objetos inermes que cobran vida bajo la voz de un maestro que se esfuerza por darle vida al conocimiento en nuestras mentes, son ellos los que marcaron la pauta para convertirnos en lo que hoy somos.

Gracias a su cincel nos forjamos como hombres y mujeres de bien, ese cincel, duro como el que golpea la cantera, a veces suave como una batuta dirigiendo nuestro destino a mejores horizontes, a veces como el yunque que arde la fragua para una y otra vez moldear nuestra figura…

Así fueron nuestros maestros y hoy damos gracias por ello…

El gran significado de la palabra Agradecimiento, no es aquel al que de momento se le ocurre, el que genera la idea; el gran valor es cuando se ejecuta, se expresa con viva voz, se lleva a cabo…

En la bohemia de las reuniones,  en el cumulo de satisfacciones por todo lo que aquí vivimos, siempre existía la idea de devolver a la Secundaria Federal, un poco de lo mucho que nos dio, al volvernos a reunir la idea regresaba como un péndulo que cada segundo nos recordaba nuestra deuda eterna…

Así nació la idea de lo que hoy se cristaliza, llevando a la realidad el sueño de festejar nuestro 40 aniversario, pero no de forma egoísta, acumulando pláticas y recordando travesuras…

Lo que hoy logramos es gracias al esfuerzo de todos, de aquellos que se nos adelantaron en el camino, de los que no pudieron estar aquí; todos absolutamente todos pusieron su granito de arena. A la distancia, ya sea como maestro, como compañero de clases, como un padre o madre que se esforzaron en su momento para que nosotros estuviéramos en la mejor escuela secundaria de Parral, todos ayudaron a lo que hoy somos, a que seamos los arquitectos de nuestro propio destino, un destino que comenzó aquí…”

Pipo está atento, ve caras llorando, ve abuelos, cónyuges, hijos, nietos, aplaudiendo, agradeciendo por lo que están viviendo y de repente le cruje la panza y se va con los lonches del Ruco.

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