Tragedia irreductible

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DICHO POR ROCHA

José Guadalupe Rocha Esparza

*Chihuahua* presenta *tasas de defunciones por suicidio* que prácticamente duplica la media nacional según datos del INEGI en 2025, lo cual exige urgentemente un diagnóstico capaz de identificar contextos, redes de atención y factores específicos. La tasa nacional pasó preocupantemente de 5.1 a 6.7 suicidios por cada 100 mil habitantes entre 2015 y 2025.

En apenas una década, la profundización de una herida social no ha sido suficientemente reconocida, especialmente entre los hombres y juventudes. Que una sociedad pierda de este modo a quienes apenas comienzan a construir un proyecto de vida, constituye mucho más que un *problema de salud pública*. Expresa una *crisis del porvenir* en Chihuahua y en el país.

La precariedad laboral, la pobreza, la desigualdad, la violencia cotidiana, la discriminación y la exclusión no determinan mecánicamente el suicidio, pero sí confluyen en la erosión de la filosofía existencial, es decir, vivir, habitar un mundo, reconocerse en él y encontrar posibilidades desde y hacia los cuales proyectarse que nos permiten mantenernos con vitalidad.

Los *suicidios juveniles* en Chihuahua, Yucatán y Aguascalientes tuvieron un antecedente de ansiedad, depresión, sentimiento de soledad e invisibilidad del sufrimiento; la tensión entre el anhelo humano de persistir y un mundo que parece negar sentido y esperanza. Apremiante devolver a los jóvenes la posibilidad de sentirse reconocido, acompañado, necesario.

*Chihuahua* y nuestro querido *Parral* necesitan una política de salud mental suficiente, territorial y diferenciada por edad, sexo y condición social. Prevenir exige atención accesible, detección temprana, escuelas que acompañen, comunidades que reconstruyan vínculos para no convertir la existencia en una resistencia interminable y luego una *tragedia irreductible*.